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		<title>inHospitalario de Compostela</title>
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			<title>El Juramento hipocratico en la U.C.I. del Hospital Provincial de Conxo</title>
			<link>http://compostela.cidadans.net/inHospitalario/2010/02/08/el-juramento-hipocratico-en-la-u-c-i-del_1/</link>
			<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 22:53:48 +0000</pubDate>
						<category domain="main">Hospital Provincial de Conxo (C.H.U.S.)</category>			<guid isPermaLink="false">68374@http://www.cuadernosciudadanos.net</guid>
			<description>&#160;[&#160;Art&#237;culo publicado por&#160;Roberto Malestar&#160;en&#160;Periodistadigital.com&#160;]Para algunas personas, la U.C.I. no es m&#225;s que el acr&#243;nimo hospitalario de la Unidad de Cuidados Intensivos; para otras, en cambio, el dram&#225;tico lugar &#8212;no siempre necesariamente tr&#225;gico&#8212; en el que los goteros de ultimidades, mon&#243;tonos e impert&#233;rritos, acompasan friamente los segundos, minutos y horas de la vida del ser querido: aqu&#233;l sobre cuya postraci&#243;n inconsciente alquitara el destino su pr&#243;xima sentencia.Uno de los signos de la aceleraci&#243;n desquiciada de los tiempos, del desvivir del actual vivir, es el uso indiscriminado y, sobre todo, destemplado de&#160;acr&#243;nimos, las mayor parte de las veces, sin otro principio ni fin que el de permitir escaquearse, vulgar y pusil&#225;nimemente, a quienes de ellos abusan exhibiendo territorio y pedigr&#237; profesional. Pero ante la posibilidad efectiva de un desenlace indeseado para el ser querido postrado en una unidad de cuidados intensivos, la febril aceleraci&#243;n de los tiempos se encoge sobre s&#237; misma: cruje primero y se detiene despu&#233;s, como el mecanismo del m&#225;s perfecto y reluciente reloj enmohecido de repente por todos los &#243;xidos del universo..Todo el fr&#237;o de las agon&#237;as de adentro invade, en las U.C.I., sus antesalas de afuera, en las que lo &#250;nico templado es el caf&#233; de las m&#225;quinas expendedoras, donde, por apenas un euro, pueden los deudos pr&#243;ximos comprar el calor que tan cruelmente les niegan algunos eviscerados indolentes del Sistema.Sobre la agon&#237;a de un hombre ilustre, Jos&#233; Ortega y Gasset nos dej&#243; sugerentes p&#225;ginas escritas en 1925, no por breves menos memorables, que &#233;l mismo dio en titular: &#171;Unas gotas de fenomenolog&#237;a&#187;, y cuyo primer p&#225;rrafo comienza con aquello de &#8230;:&#171;Un hombre ilustre agoniza. Su mujer est&#225; junto al lecho. Un m&#233;dico cuenta las pulsaciones del moribundo. En el fondo de la habitaci&#243;n hay otras dos personas: un periodista, que asiste a la escena obitual por raz&#243;n de su oficio, y un pintor que el azar ha conducido all&#237;. Esposa, m&#233;dico, periodista y pintor presencian un mismo hecho. Sin embargo, este &#250;nico y mismo hecho &#8212;la agon&#237;a de un hombre&#8212; se ofrece a cada uno de ellos con aspecto distinto. Tan distintos son estos aspectos, que apenas si tienen un n&#250;cleo com&#250;n. La diferencia entre lo que es para la mujer transida de dolor y para el pintor, que, impasible, mira la escena, es tanta que casi fuera m&#225;s exacto decir: las esposa y el pintor presencian dos hechos completamente distintos.&#187;Tal suced&#237;a en la cl&#237;nica imaginaria de Ortega, repito, sobre el a&#241;o 1925.Si brincando ahora en el tiempo nos alejamos del metaf&#237;sico hospital, para, ya en pleno a&#241;o 2010, situarnos en uno f&#237;sico &#8212;real&#237;simo, como dir&#237;an algunos frente a lo imaginario&#8212;, bien pudi&#233;ramos plasmar estas otras gotas, rezumadas del n&#250;cleo m&#225;s cr&#237;tico de un sanatorio gallego: la unidad de cuidados intensivos del&#160;Hospital Provincial de Conxo, en Santiago de Compostela.(Aqu&#237;, no hay pintor. Ya la Gran Pintora Parca &#8212;que retrata el tic-tac de nuestras vidas&#8212; se encarga ella de cromatizar sus sombras sobre los vestigios de luminosidad del cuerpo postrado. En cambio, este periodista es a quien el azar ha conducido a la escena.) Sea, pues:&#171;Un hombre, cuyo lustre brilla en el coraz&#243;n de quienes le quieren y respetan, agoniza. Es un hombre todav&#237;a joven, apenas sobrepasa los cincuenta a&#241;os. Su mujer, abatida, al mismo tiempo que, con heroica sonrisa, corresponde a las visitas, no deja de preguntarse: &#8220;&#191;por qu&#233;, Se&#241;or, por qu&#233;?&#8221; desde su silente y recogido dolor. Obscenamente abundante, la luz el&#233;ctrica del establecimiento se vuelve inh&#225;bil en la an&#237;mica oscuridad que inunda el ambiente. Y en esta intemperie que es el naufragio de la vida, en medio del familiar abatimiento, como buscando tejer nuevamente el hilo de la esperanza, una muchacha joven, la hija del agonizante, franquea las hojas de una batiente que separa el acceso a la U.C.I. de su antesala de espera. Se aproxima a la primera puerta del pasillo, que, entreabierta, muestra al galeno de guardia, con gran concentraci&#243;n, repantigado ante el juego de un ordenador. S&#243;lo pregunta por el estado de su padre, pero el sorprendido m&#233;dico, como una g&#225;rgola eviscerada de Notre Dame, regurgita sobre la muchacha toda la frustraci&#243;n de piedra que lleva dentro. Al poco, llega el periodista, quien se encuentra una antesala repleta de personas estupefactas ante una joven sumida en p&#250;blica y evidente crisis de ansiedad.&#187;M&#225;s all&#225; de la escena, en presencia de otras personas y visualizando la pantalla del ordenador, que mostraba la imagen de un juego inform&#225;tico al fondo de la dependencia donde se encontraba el m&#233;dico, el periodista le dijo a esta indolente y lud&#243;pata g&#225;rgola del&#160;SERGAS (Servicio Gallego de Salud)&#160;que ninguno de su gremio &#8212;ni siquiera &#233;l:&#160;Pedro Rascado Sedes; sin tesis doctoral conocida, &#8220;doctor&#8221;, como tantos otros prepotentes del Sistema, por mera invocaci&#243;n del vulgo&#8212; era quien para tratar as&#237; a las personas, m&#225;xime siendo, la maltratada verbal y an&#237;micamente, hija de un paciente postrado en la U.C.I.; y que ya que no&#160;los derechos del paciente, s&#237;, por lo menos, tuviese en cuenta el Juramento hipocr&#225;tico.Con cara de enjuague bucal, la g&#225;rgola del SERGAS debi&#243; confundir, sin duda, el Juramento hipocr&#225;tico con alguna maldici&#243;n de hip&#243;critas juramentados, porque, nada m&#225;s escuchar la recomendaci&#243;n, balbuce&#243;: &#8212;&#171;&#191;El juramento hi-po-cr&#225;-ti-co?&#187; S&#237;, hombre, el Juramento promovido por el patr&#243;n de los galenos: vuestro santo doctor, Hip&#243;crates; no, desde luego, en la parte de gremialismo corporativo que tanto os cunde; tan poco en el sentido econ&#243;mico-social que los vocablos &#8220;gremio&#8221; y &#8220;corporaci&#243;n&#8221; adoptan actualmente, sino justamente all&#237; donde el Juramento, tom&#225;ndole la palabra al m&#233;dico, dice: &#171;har&#233; uso del r&#233;gimen diet&#233;tico para ayuda del enfermo, seg&#250;n mi capacidad y recto entender: del da&#241;o y la injusticia le preservar&#233;.&#187;&#161;Pobre Hip&#243;crates! Suele pasar con &#233;l lo que con el ilustr&#237;simo m&#233;dico, humanista y fil&#243;sofo del siglo XVI, G&#243;mez Pereira: se le cita mucho y se le ignora m&#225;s, a decir del Cardenal Zeferino. Y a&#250;n antes que &#233;ste: en la&#160;Barca de Aqueronte, residencia infernal de Plut&#243;n, el inefable Diego Torres de Villarroel (&#8220;Gran Piscator de Salamanca&#8221;) ironizaba con cuantos, en pleno siglo XVIII, confund&#237;an la &#8220;Margarita Antoniana&#8221; &#8212;obra cumbre del m&#233;dico fil&#243;sofo de Medina del Campo&#8212; con un t&#243;pico farmac&#233;utico administrable en gotas. As&#237;, parejamente, en la nuestra; &#233;poca de Telecincos y cambalaches en la que, confundidos en merengue, van mezclados los hip&#243;critas con Hip&#243;crates.No es, con todo, lo grave, pues si se me permite el giro, lo grave es que ciertos&#160;&#8212;ciert&#237;simos&#8212; hip&#243;critas de la medicina, en lugar de socializarse y humanizarse en el&#160;Corpus Hippocraticum, prefieran perfeccionar su creciente autismo antisocial con el juego de solitario&#160;online&#160;del &#8220;Mahjong&#8221;. Que, por lo visto, en tal consiste para algunos la vocaci&#243;n por la medicina intensiva. Todo ello a cuenta del erario p&#250;blico, como siempre en estos casos; sin el m&#225;s m&#237;nimo control de planta por parte de los llamados &#8220;directores&#8221; y &#8220;responsables&#8221;, y por si poco, para escarnio de sus familiares, a escasos metros de aquellos cuyas existencias penden del hilo invisible que separa la vida de la muerte.Desde el fondo insolente de algunas biograf&#237;as sobreviene el hedor del escaqueo nacional. Es la sempiterna picaresca de los funcionarios que no funcionan: los lazarillos del ciego Estado, que s&#243;lo ve cuando le perforan el c&#225;ntaro (se entiende, del innombrable Ministerio). Todo lo dem&#225;s son cuentos. Cuentos de torcidos derechos humanos, entre los que naturalmente se encuentran, c&#243;mo no, los del &#8220;doente&#8221;: el doliente, quien s&#243;lo a los suyos le duele. (&#8212;&#171;No entiendo&#187;. &#8212;&#171;&#161;Ni lo pretenda!: es como el dolor de muelas, que s&#243;lo el que padece entiende&#187;.)Soy consciente del desacierto del t&#237;tulo elegido, y comprendo que el de &#171;El &#8220;doctor&#8221;&#160;Rascado&#160;no la rasca&#187; podr&#237;a ser m&#225;s atractivo para este art&#237;culo, pues reconozco que, lo del &#8220;Hospital Provincial de Conxo&#8221;, m&#225;s casa con unas sinodales que con la irreverente voluptuosidad de algunos sinverg&#252;enzas contra el pr&#243;jimo indefenso de nuestro tiempo. Tambi&#233;n cabe preguntarse si el mencionado ocioso prepotente, lo mismo que los irresponsables que corporativamene le amparan, tratar&#237;an as&#237; a la hija de la Conselleira de Sanidad de la Xunta de Galicia. Porque, todo hay que decirlo, estos ojos fueron testigos en su d&#237;a de c&#243;mo, junto a enfermos aparcados en camillas, tambi&#233;n en camilla, pasaba el padre del fallecido Conselleiro Jos&#233; Cui&#241;a, en compa&#241;&#237;a de su hijo y unos siete &#8212;o m&#225;s&#8212; funcionarios de tan impoluta bata blanca como quiz&#225;, tambi&#233;n, de necrosado coraz&#243;n.</description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-family: Times; font-size: medium" class="Apple-style-span"><div style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 16px; background-color: #ffffff"><div><font face="'Lucida Grande', Arial, Helvetica, sans-serif" size="3" class="Apple-style-span"><span style="font-size: 11px" class="Apple-style-span"><span style="font-family: arial; font-size: 10px; white-space: normal; color: #333333" class="Apple-style-span"><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">&nbsp;[&nbsp;<a href="http://blogs.periodistadigital.com/opinion.php/2010/02/07/el-juramento-hipocratico-en-la-u-c-i-del" target="_blank">Art&iacute;culo publicado por&nbsp;<strong>Roberto Malestar</strong>&nbsp;en&nbsp;<em>Periodistadigital.com</em></a>&nbsp;]</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Para algunas personas, la U.C.I. no es m&aacute;s que el acr&oacute;nimo hospitalario de la Unidad de Cuidados Intensivos; para otras, en cambio, el dram&aacute;tico lugar &mdash;no siempre necesariamente tr&aacute;gico&mdash; en el que los goteros de ultimidades, mon&oacute;tonos e impert&eacute;rritos, acompasan friamente los segundos, minutos y horas de la vida del ser querido: aqu&eacute;l sobre cuya postraci&oacute;n inconsciente alquitara el destino su pr&oacute;xima sentencia.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Uno de los signos de la aceleraci&oacute;n desquiciada de los tiempos, del desvivir del actual vivir, es el uso indiscriminado y, sobre todo, destemplado de&nbsp;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Acr%C3%B3nimo" target="_blank">acr&oacute;nimos</a>, las mayor parte de las veces, sin otro principio ni fin que el de permitir escaquearse, vulgar y pusil&aacute;nimemente, a quienes de ellos abusan exhibiendo territorio y pedigr&iacute; profesional. Pero ante la posibilidad efectiva de un desenlace indeseado para el ser querido postrado en una unidad de cuidados intensivos, la febril aceleraci&oacute;n de los tiempos se encoge sobre s&iacute; misma: cruje primero y se detiene despu&eacute;s, como el mecanismo del m&aacute;s perfecto y reluciente reloj enmohecido de repente por todos los &oacute;xidos del universo..</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Todo el fr&iacute;o de las agon&iacute;as de adentro invade, en las U.C.I., sus antesalas de afuera, en las que lo &uacute;nico templado es el caf&eacute; de las m&aacute;quinas expendedoras, donde, por apenas un euro, pueden los deudos pr&oacute;ximos comprar el calor que tan cruelmente les niegan algunos eviscerados indolentes del Sistema.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Sobre la agon&iacute;a de un hombre ilustre, Jos&eacute; Ortega y Gasset nos dej&oacute; sugerentes p&aacute;ginas escritas en 1925, no por breves menos memorables, que &eacute;l mismo dio en titular: &laquo;Unas gotas de fenomenolog&iacute;a&raquo;, y cuyo primer p&aacute;rrafo comienza con aquello de &hellip;:</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">&laquo;Un hombre ilustre agoniza. Su mujer est&aacute; junto al lecho. Un m&eacute;dico cuenta las pulsaciones del moribundo. En el fondo de la habitaci&oacute;n hay otras dos personas: un periodista, que asiste a la escena obitual por raz&oacute;n de su oficio, y un pintor que el azar ha conducido all&iacute;. Esposa, m&eacute;dico, periodista y pintor presencian un mismo hecho. Sin embargo, este &uacute;nico y mismo hecho &mdash;la agon&iacute;a de un hombre&mdash; se ofrece a cada uno de ellos con aspecto distinto. Tan distintos son estos aspectos, que apenas si tienen un n&uacute;cleo com&uacute;n. La diferencia entre lo que es para la mujer transida de dolor y para el pintor, que, impasible, mira la escena, es tanta que casi fuera m&aacute;s exacto decir: las esposa y el pintor presencian dos hechos completamente distintos.&raquo;</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Tal suced&iacute;a en la cl&iacute;nica imaginaria de Ortega, repito, sobre el a&ntilde;o 1925.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Si brincando ahora en el tiempo nos alejamos del metaf&iacute;sico hospital, para, ya en pleno a&ntilde;o 2010, situarnos en uno f&iacute;sico &mdash;real&iacute;simo, como dir&iacute;an algunos frente a lo imaginario&mdash;, bien pudi&eacute;ramos plasmar estas otras gotas, rezumadas del n&uacute;cleo m&aacute;s cr&iacute;tico de un sanatorio gallego: la unidad de cuidados intensivos del&nbsp;<strong style="color: #666666; padding: 0em; margin: 0em">Hospital Provincial de Conxo</strong>, en Santiago de Compostela.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">(Aqu&iacute;, no hay pintor. Ya la Gran Pintora Parca &mdash;que retrata el tic-tac de nuestras vidas&mdash; se encarga ella de cromatizar sus sombras sobre los vestigios de luminosidad del cuerpo postrado. En cambio, este periodista es a quien el azar ha conducido a la escena.) Sea, pues:</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">&laquo;Un hombre, cuyo lustre brilla en el coraz&oacute;n de quienes le quieren y respetan, agoniza. Es un hombre todav&iacute;a joven, apenas sobrepasa los cincuenta a&ntilde;os. Su mujer, abatida, al mismo tiempo que, con heroica sonrisa, corresponde a las visitas, no deja de preguntarse: &ldquo;&iquest;por qu&eacute;, Se&ntilde;or, por qu&eacute;?&rdquo; desde su silente y recogido dolor. Obscenamente abundante, la luz el&eacute;ctrica del establecimiento se vuelve inh&aacute;bil en la an&iacute;mica oscuridad que inunda el ambiente. Y en esta intemperie que es el naufragio de la vida, en medio del familiar abatimiento, como buscando tejer nuevamente el hilo de la esperanza, una muchacha joven, la hija del agonizante, franquea las hojas de una batiente que separa el acceso a la U.C.I. de su antesala de espera. Se aproxima a la primera puerta del pasillo, que, entreabierta, muestra al galeno de guardia, con gran concentraci&oacute;n, repantigado ante el juego de un ordenador. S&oacute;lo pregunta por el estado de su padre, pero el sorprendido m&eacute;dico, como una g&aacute;rgola eviscerada de Notre Dame, regurgita sobre la muchacha toda la frustraci&oacute;n de piedra que lleva dentro. Al poco, llega el periodista, quien se encuentra una antesala repleta de personas estupefactas ante una joven sumida en p&uacute;blica y evidente crisis de ansiedad.&raquo;</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">M&aacute;s all&aacute; de la escena, en presencia de otras personas y visualizando la pantalla del ordenador, que mostraba la imagen de un juego inform&aacute;tico al fondo de la dependencia donde se encontraba el m&eacute;dico, el periodista le dijo a esta indolente y lud&oacute;pata g&aacute;rgola del&nbsp;<strong style="color: #666666; padding: 0em; margin: 0em">SERGAS (Servicio Gallego de Salud)</strong>&nbsp;que ninguno de su gremio &mdash;ni siquiera &eacute;l:&nbsp;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://es-la.facebook.com/people/Pedro-Rascado-Sedes/1582656326" target="_blank">Pedro Rascado Sedes</a>; sin tesis doctoral conocida, &ldquo;doctor&rdquo;, como tantos otros prepotentes del Sistema, por mera invocaci&oacute;n del vulgo&mdash; era quien para tratar as&iacute; a las personas, m&aacute;xime siendo, la maltratada verbal y an&iacute;micamente, hija de un paciente postrado en la U.C.I.; y que ya que no&nbsp;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://www.sergas.es/MostrarContidos_N2_T01.aspx?IdPaxina=20095" target="_blank">los derechos del paciente</a>, s&iacute;, por lo menos, tuviese en cuenta el Juramento hipocr&aacute;tico.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Con cara de enjuague bucal, la g&aacute;rgola del SERGAS debi&oacute; confundir, sin duda, el Juramento hipocr&aacute;tico con alguna maldici&oacute;n de hip&oacute;critas juramentados, porque, nada m&aacute;s escuchar la recomendaci&oacute;n, balbuce&oacute;: &mdash;&laquo;&iquest;El juramento hi-po-cr&aacute;-ti-co?&raquo; S&iacute;, hombre, el Juramento promovido por el patr&oacute;n de los galenos: vuestro santo doctor, Hip&oacute;crates; no, desde luego, en la parte de gremialismo corporativo que tanto os cunde; tan poco en el sentido econ&oacute;mico-social que los vocablos &ldquo;gremio&rdquo; y &ldquo;corporaci&oacute;n&rdquo; adoptan actualmente, sino justamente all&iacute; donde el Juramento, tom&aacute;ndole la palabra al m&eacute;dico, dice: &laquo;har&eacute; uso del r&eacute;gimen diet&eacute;tico para ayuda del enfermo, seg&uacute;n mi capacidad y recto entender: del da&ntilde;o y la injusticia le preservar&eacute;.&raquo;</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">&iexcl;Pobre Hip&oacute;crates! Suele pasar con &eacute;l lo que con el ilustr&iacute;simo m&eacute;dico, humanista y fil&oacute;sofo del siglo XVI, G&oacute;mez Pereira: se le cita mucho y se le ignora m&aacute;s, a decir del Cardenal Zeferino. Y a&uacute;n antes que &eacute;ste: en la&nbsp;<em style="padding: 0em; margin: 0em">Barca de Aqueronte, residencia infernal de Plut&oacute;n</em>, el inefable Diego Torres de Villarroel (&ldquo;Gran Piscator de Salamanca&rdquo;) ironizaba con cuantos, en pleno siglo XVIII, confund&iacute;an la &ldquo;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://www.filosofia.org/bol/not/bn008.htm" target="_blank">Margarita Antoniana</a>&rdquo; &mdash;obra cumbre del m&eacute;dico fil&oacute;sofo de Medina del Campo&mdash; con un t&oacute;pico farmac&eacute;utico administrable en gotas. As&iacute;, parejamente, en la nuestra; &eacute;poca de Telecincos y cambalaches en la que, confundidos en merengue, van mezclados los hip&oacute;critas con Hip&oacute;crates.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">No es, con todo, lo grave, pues si se me permite el giro, lo grave es que ciertos&nbsp;&mdash;ciert&iacute;simos&mdash; hip&oacute;critas de la medicina, en lugar de socializarse y humanizarse en el&nbsp;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://www.google.com/search?hl=es&amp;q=Hippocraticum&amp;btnG=Buscar&amp;lr=lang_es&amp;aq=f&amp;oq=" target="_blank">Corpus Hippocraticum</a>, prefieran perfeccionar su creciente autismo antisocial con el juego de solitario&nbsp;<em style="padding: 0em; margin: 0em">online</em>&nbsp;del &ldquo;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://www.zapjuegos.com/juegos/mahjong/mahjong.html" target="_blank">Mahjong</a>&rdquo;. Que, por lo visto, en tal consiste para algunos la vocaci&oacute;n por la medicina intensiva. Todo ello a cuenta del erario p&uacute;blico, como siempre en estos casos; sin el m&aacute;s m&iacute;nimo control de planta por parte de los llamados &ldquo;directores&rdquo; y &ldquo;responsables&rdquo;, y por si poco, para escarnio de sus familiares, a escasos metros de aquellos cuyas existencias penden del hilo invisible que separa la vida de la muerte.</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Desde el fondo insolente de algunas biograf&iacute;as sobreviene el hedor del escaqueo nacional. Es la sempiterna picaresca de los funcionarios que no funcionan: los lazarillos del ciego Estado, que s&oacute;lo ve cuando le perforan el c&aacute;ntaro (se entiende, del innombrable Ministerio). Todo lo dem&aacute;s son cuentos. Cuentos de torcidos derechos humanos, entre los que naturalmente se encuentran, c&oacute;mo no, los del &ldquo;doente&rdquo;: el doliente, quien s&oacute;lo a los suyos le duele. (&mdash;&laquo;No entiendo&raquo;. &mdash;&laquo;&iexcl;Ni lo pretenda!: es como el dolor de muelas, que s&oacute;lo el que padece entiende&raquo;.)</p><p style="margin-top: 0.5em; margin-right: 0px; margin-bottom: 0.5em; margin-left: 0px; font-family: arial; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; font-size: 1.6em; color: #666666; line-height: 1.5em; padding: 0em">Soy consciente del desacierto del t&iacute;tulo elegido, y comprendo que el de &laquo;<strong style="color: #666666; padding: 0em; margin: 0em">El &ldquo;doctor&rdquo;&nbsp;<a style="text-decoration: none; color: #990000; padding: 0em; margin: 0em" href="http://i50.tinypic.com/20sgkrp.jpg" target="_blank">Rascado</a>&nbsp;no la rasca</strong>&raquo; podr&iacute;a ser m&aacute;s atractivo para este art&iacute;culo, pues reconozco que, lo del &ldquo;Hospital Provincial de Conxo&rdquo;, m&aacute;s casa con unas sinodales que con la irreverente voluptuosidad de algunos sinverg&uuml;enzas contra el pr&oacute;jimo indefenso de nuestro tiempo. Tambi&eacute;n cabe preguntarse si el mencionado ocioso prepotente, lo mismo que los irresponsables que corporativamene le amparan, tratar&iacute;an as&iacute; a la hija de la Conselleira de Sanidad de la Xunta de Galicia. Porque, todo hay que decirlo, estos ojos fueron testigos en su d&iacute;a de c&oacute;mo, junto a enfermos aparcados en camillas, tambi&eacute;n en camilla, pasaba el padre del fallecido Conselleiro Jos&eacute; Cui&ntilde;a, en compa&ntilde;&iacute;a de su hijo y unos siete &mdash;o m&aacute;s&mdash; funcionarios de tan impoluta bata blanca como quiz&aacute;, tambi&eacute;n, de necrosado coraz&oacute;n.</p></span></span></font></div></div></span>]]></content:encoded>
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