Castellano Galego Escritos verdaderos
Había olvidado completamente este cuaderno. Trataré de retomarlo.
Han ocurrido muchas cosas desde la última entrada, pero sustancialmente todo sigue igual: cada vez menos acciones (y menos pensamientos, aun más terrible) me llenan, y cuanto más experimento más descubro la insuficiencia de la experiencia. Cuando alcanzo algo que, parece, traerá consigo la ansiada plenitud, se me revela que no es tal
Hoy hace un marchito y bellísimo día de otoño. Paseo tras paseo, voy rozando el muro de la verdad absoluta: inerte, incausada, injustificada, siempre ahí: la realidad siempre ha sido una nada tangible, sustentadora de ciertos engaños.
Cuando agotados despertamos por fin a esta conclusión, nos volvemos serenos, pétreos e imperturbables. Nada nos afecta, pues los nadismos de la nada, al entrar en colisión, solo generan más nada.
Hemos ido de excursión a Lugo. Una ciudad que cada vez me gusta más. La he visto bien conservada; muy luminosa; muy bien estructurada. Llena de historia y de vida.
Será porque es donde vivo, pero Santiago, en comparación con otras ciudades, resulta más opresiva y oscura. El ensanche: un entramado de calles ensombrecidas, de un desarrollo feroz. Aunque feo, portador de un cierto misterio.
Los nuevos barrios jóvenes, las recientes urbanizaciones, que se extienden como el agua por la barbilla en estos últimos tiempos, no poseen ese desaliño urbanista: su misterio es más puro y geométrico. Más efímero también.
Me gusta recorrer Galicia en coche, y observar sus vastos campos a través de la ventana. Hay tanto verde, tantos árboles, tantas flores; tantas llanuras y montañas...Resulta increíble. La pureza de un lugar olvidado. Un paisaje casto y silencioso, que trasmite su belleza a la tierra con silencio y discreción. Este sencillo rincón de la península se ríe de las aclamadas Islas Británicas. Hablan de Irlanda, de Gales, de Escocia: paisajes cansados y aburridos, ofrecidos por manos más diestras. La mayoría de las personas desconocen lo que tienen aquí mismo.
Nunca dejo de descubrir Galicia. Nunca dejaré de hacerlo, de caminar sus tierras. Camino de amor y soledad
Tras semanas de lluvias, por fin ha salido el sol.
Cuando un día amanece tan claro de esta forma, es imposible no sentirse preso de un irracional optimismo ante las cosas: la gente sonríe, las calles rebosan, las mujeres se muestran más apetecibles y encantadoras...Por unas horas, creemos que todos los pesares se han ido, y que de verdad vamos a ser felices y dichosos el resto de nuestra vida
¡Cuanto influye el clima en el ánimo!
Una pesadilla recurrente me toma por las noches: se desarrolla en el fondo del mar.
El mar: ese lugar tan amplio y precioso se torna terrorífico si nos internamos en el. Si nos sumergimos y miramos hacia el fondo: el verde moribundo y fantasmagórico que revela la posición de las profundidades se me muestra sugestivo y sobrecogedor.
En la pesadilla floto en lo hondo de las aguas, y caigo, caigo lentamente hacia el fondo del mar: todo está oscuro. La única luz es el hipnótico verdor en el que me hundo como una piedra pesada; con imparable lentitud. Mi pánico se acrecienta; no se con que me puedo encontrar
Solo se escucha el rezongo del agua pesada. El miedo está presente, pero no es firme, sino susurrante y misterioso
Entonces la cama parece tocar el suelo y despierto
¿Como amar a una mujer que no existe, que no puede existir? ¿Como abrazar a tu ideal, solo vivo en la imaginación? ¿Cómo sentir su calor, su carne?
¿No es este un problema de siempre? ¿No es este un problema de hoy? Cuantos llorosos solitarios hay en la sociedad ¡Y van en aumento! ¡Cuantos desengaños! ¡Cuanto patetismo!
Pero no rompamos la ilusión. No nos desprendamos de esa imagen ideal de mujer: Preservémosla. Convirtámosla en nuestro impulso y en nuestro pincel. Vivamos acordes a nuestra imaginación. Contra viento y marea
Al fin y al cabo, lo máximo que nos puede ocurrir es que volvamos a tierra ¿Y qué? Despegamos de nuevo
Hoy nieva sobre la ciudad, por primera vez en muchos años. Los copos caen suaves y silenciosos en la gélida mañana. El paisaje -verde otrora- amanece preso de un precioso manto blanco.
El frío cala hasta los huesos. Me gusta tener frío, es una sensación feroz, masoquista, que reaviva la mente y el espíritu. Cuanto más frío tenemos por fuera, más calor recibimos por dentro. Mi cuerpo se acostumbra a lo gélido y se siente vivo y se fortalece. Saco pecho: pronto volverá el calor
El paisaje es de nata ¿Lo fotografío, lo pinto o lo escribo? ¿Que hago, como lo aprovecho? Está ahí quieto, aburrido ¡Que desperdicio! Debo crear algo con el ¿Pero como hacerlo sin dejar de vivir, sin dejar de sentirlo? ¿Y como sentirlo al máximo, de que manera lo puedo introducir de manera completa en mi psique? ¿Como burlar la gran muralla invisible que me aleja de el y que me encierra?
¡Oh el paisaje, el paisaje! ¡Oh su belleza! ¡Desátame y átame a el existencia ¡Y sin memoria ni culpa!
He visto en Follas Novas unos libros muy interesantes sobre filosofía hindú. Una cultura que me está atrayendo poco a poco; por su suntuosidad; por su hermosura, por su filosofía de vida, por la tremenda espiritualidad que la alimenta, que no descuida, sin embargo, las cuestiones más terrenales.
Sin embargo, hay que elevarse, y dejar de ver el mundo Indio desde el punto de vista británico. Desde el folclore, el comercio y la fantasía romántica norteña que tanto se ofrece. Entrar en el mundo asiático, cambiando nuestra concepción vital completamente y desde el principio ¡Abajo las baratijas!
Anoche tuve un sueño. Etéreo y cambiante, como todos los sueños.
Se desarrollaba en Santiago, pero no era el Santiago real que conozco. Todo estaba fuera de lugar, en un caos turbador. Soñaba que toda la ciudad me perseguía, que querían mi cabeza. No se muy bien porque. Creo que por algo que había publicado en un periódico. Pero se me hace imposible recordar: todo se ha borrado ya.
Abrí los ojos súbitamente; aliviado. En la lengua noté un poso de entusiasmo: nada había ocurrido. Tan solo una ilusión nocturna
Entonces podía discernir todos los detalles con lucidez. Recordaba cada persona, cada paisaje y cada emoción: veía la verja blanca del jardín. Percibía el coche del que me apeaba. Asumía todavía la lógica que me llevaba a pensar que aquello era una entrada secreta y segura a la ciudad
Transcurrieron unos minutos. El caldero volcó. Los recuerdos se fueron desparramando; se evaporaban en el suelo. Trataba de prender alguno, de retenerlo en las manos del cerebro. Solo logré este pequeño guijarro gris
Los sueños deben ser escuchados, como voces nocturnas que nos hablan de nosotros mismos. Cuando se descorre la cortina del engaño, nos vemos desnudos e indefensos. Solos ante el monstruo de la realidad, el que devora todo impiadoso
Para conocer a un hombre, déjame ver el archivo de sus sueños
Hoy es fin de año. No salgo; no tengo por costumbre hacerlo. El ambiente me resulta demasiado cargante; demasiado ruidoso. En casa, escribiendo, se está mejor. "Cualquier noche en Santiago es mejor que esta" dice mi padre, y tiene razón.
Estoy tratando de acabar un guión de cine, y me encuentro atascado en un breve ensayo. También a ver si cae algún artículo para el periódico. La vida de un hombre de letras tiene sus alegrías y sus penas. A veces las palabras fluyen en cascada, y todo tiene un aspecto bello y armonioso. Otras, en cambio, se te escurren por entre las manos y no hay forma de que salga nada. Cualquiera que haya escrito conoce esa angustiosa sensación. La falta de inspiración trasluce en tu humor, y afecta a los que te rodean.
Lo malo de este día tan singular es que veo a todos salir felices de fiesta. Yo me quedo, pues no me apetece. Pero hay una cierta molestia, como una sensación de que me estoy perdiendo algo; desperdiciando una parte de mi vida
Pero trato de convencerme a mi mismo: aquí, escribiendo, se está mejor
Escribo esto mientras escucho la sexta sinfonía "Trágica" de Mahler Hoy he dado un paseo por Compostela, lo cual para mi se está volviendo una costumbre cada vez más irrenunciable. Inevitablemente, cuando salgo descubro matices nuevos, me asaltan ideas sobre todo lo que veo (a veces, la misma idea se repite una y otra vez, revolviéndose; impaciente porque alguien la saque a la luz) Pienso y observo. Suspiro y espero por cosas que nunca llegaran. Lamento otras que se han ido.
El día estuvo gris y apagado. De siesta. Como si las navidades hubieran pasado ya: las calles estaban frías y vacías. Los comercios cerrados y la ilusión de hace unos días ausente. Me gusta esta tristeza; me gusta porque es una llamada a la alegría, porque la ciudad presenta un aroma especia que dan ganas de pintar. No tengo maña para el pincel, así que escribo, aunque las palabras sean insuficientes
He comprado un collar en un tenderete bohemio - mi largo cuello de cebra agradece estos detalles- algo de comer y he vuelto a casa; no sin antes picotear un poco en los libros de Follas Novas (siempre se aprende algo en cualquier página)
En casa empiezo a tocar la guitarra, unos acordes gastados que saben a viejo. Mientras toco, una nueva idea: dos, tres, cuatro "¡Que buena ocurrencia!" "¡Que listo soy!" "¡Que buen proyecto!" "¡Si, una verdad como un puño!" Todas van directas a la libreta y ahí se quedan, por los siglos de los siglos.
Amen