Castellano Galego Escritos verdaderos
Anoche tuve un sueño. Etéreo y cambiante, como todos los sueños.
Se desarrollaba en Santiago, pero no era el Santiago real que conozco. Todo estaba fuera de lugar, en un caos turbador. Soñaba que toda la ciudad me perseguía, que querían mi cabeza. No se muy bien porque. Creo que por algo que había publicado en un periódico. Pero se me hace imposible recordar: todo se ha borrado ya.
Abrí los ojos súbitamente; aliviado. En la lengua noté un poso de entusiasmo: nada había ocurrido. Tan solo una ilusión nocturna
Entonces podía discernir todos los detalles con lucidez. Recordaba cada persona, cada paisaje y cada emoción: veía la verja blanca del jardín. Percibía el coche del que me apeaba. Asumía todavía la lógica que me llevaba a pensar que aquello era una entrada secreta y segura a la ciudad
Transcurrieron unos minutos. El caldero volcó. Los recuerdos se fueron desparramando; se evaporaban en el suelo. Trataba de prender alguno, de retenerlo en las manos del cerebro. Solo logré este pequeño guijarro gris
Los sueños deben ser escuchados, como voces nocturnas que nos hablan de nosotros mismos. Cuando se descorre la cortina del engaño, nos vemos desnudos e indefensos. Solos ante el monstruo de la realidad, el que devora todo impiadoso
Para conocer a un hombre, déjame ver el archivo de sus sueños